“Populismo educativo” (Anna Pagés)

Comentario del artículo publicado en La Vanguardia (26/01/16) |

Nuestra época promete un mundo feliz si correspondemos a estas tres exigencias básicas [calidad, evaluación, resultados]. Hay que sospechar de nuestras acciones, regularlas, convertirlas en eficaces. Sin embargo, al igual que todo lo humano, el amor y la amistad, la educación es una experiencia de relación, de interés por el saber, por el otro y por el mundo.

No por corear de manera incesante la palabra educación acontece realmente. Asistimos a un vaciamiento progresivo del significado de las palabras. Se vierte el líquido de un vaso para llenarlo de uno nuevo. La educación, según Anna Pagès, se ha convertido en el conjunto de exigencias de la época actual: calidad, evaluación y resultados. Todas ellas pertenecientes a una concepción supuestamente moderna e innovadora del fenómeno educativo. Ahora bien, ¿nos contentamos con adaptar nuestra educación al siglo XXI? ¿Nos dejamos guiar por los rankings que miden la eficacia? La educación es una «experiencia de relación, de interés por el saber, por el otro y por el mundo», y esto es incómodo para los actores principales del populismo educativo contemporáneo. Porque es difícil de medir, de controlar. Porque este «malestar siempre insatisfecho» no lo podemos “solucionar” con cifras traducibles en beneficios calculables. Y en esto está la maravilla. La educación es la comunicación de uno mismo a través de las distintas materias, de los diferentes contenidos específicos. La verdadera revolución del aprendizaje es la posibilidad de encuentro entre un profesor y un alumno. Solamente así podremos superar la fatiga que supone repensar nuestras materias; solamente así podremos estar sin miedo delante de la pregunta sobre qué debemos enseñar, sobre qué es lo imprescindible saber. ¿Estamos dispuestos a correr este riesgo?

By | 2016-05-17T16:49:41+00:00 abril 8th, 2016|Ojo Avizor|0 Comments

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