Ni un grito en clase provoca una situación así

Principio de curso. Clase de Lengua y Literatura. En 1ºBACH toca hablar sobre la importancia del contexto histórico a la hora de acercarse a un texto. El profesor comienza leyendo un artículo de Leila Guerrero publicado en El País

«¿Les pasa que, a veces, aunque todo esté bien, y el gato esté bien, y los padres estén bien, y los hermanos estén bien, y los primos y los tíos estén bien, y los hijos estén bien, y el trabajo esté bien, y los árboles del patio estén bien, y el jardín esté bien, y las macetas estén bien, y la comida esté bien y las ganas de cocinar estén bien, y los libros estén bien, y los poemas estén bien, y el sol que entra por las ventanas esté bien, y las plantas del balcón estén bien, y los pisos estén bien, y los amigos estén bien, y los bares estén bien, y el vino esté bien, y las calles y las cosas que hay en las calles estén bien, y los vecinos estén bien, y el barrio esté bien, y la ropa —prolijamente colgada en los placares— esté bien, y las cajas con fotos viejas —prolijamente guardadas en los placares— estén bien, y el mantel esté bien, y la mesa esté bien, y las cortinas estén bien, y el clima esté bien, y el auto recién lavado esté bien, y los recuerdos estén bien, y el cuerpo esté bien, y los óvulos y el esperma y el hígado y las glándulas y los isquiones y los fémures estén bien, y las canciones estén bien, y los viajes estén bien, y las paredes estén bien, y los cuadros estén bien, y las hornallas estén bien, y las ventanas estén bien, y el agua esté bien, y el pasado que nunca termina de pasar esté bien, y los pies estén bien, y las manos estén bien, y los ojos estén bien, y las sábanas estén bien, y el pan esté bien, y el desayuno esté bien, y la cena esté bien, y el amor y el dolor estén bien, y el perro esté bien, y todo esté bien, no les pasa que a veces descubren que tienen el corazón como un pedazo de carne atravesado por un anzuelo, la garganta llena de piedras, la vida pegajosa como lana húmeda, y se encuentran sin nada que querer, ni que decir, ni que esperar: sin nada? A mí me pasó. El otro día. Era jueves. Eran las cinco de la tarde». 

Silencio absoluto durante varios segundos. Ni un grito en clase provoca una situación así. Todos los alumnos están delante de lo que se acaba de leer. El profesor pregunta: “¿Por qué creéis que escribe algo así?”. Muchos empiezan a responder: “Lo está pasando mal con su familia”, “está angustiada por motivos personales”, “no le encuentra sentido a la vida”. Entonces el profesor interviene con una nueva pregunta: “¿Sabéis lo que sucedió horas antes de la publicación de este artículo?”. “Un hombre mató a 86 personas e hirió a 434 conduciendo locamente un camión por la ciudad de Niza, en Francia”. Entonces los chavales entienden por fin el porqué del artículo: Leila Guerriero, articulista de El País, quiere decirle al mundo entero que incluso cuando va todo bien, rematadamente bien, puede suceder algo que te deje sin nada que decir, extraño frente a un suceso incomprensible.

La clase llega a su fin. Todos los alumnos recogen y van saliendo de clase excepto uno. Se acerca al profesor y le dice: “Es cierto lo que decías ayer: un texto puede describir algo que vives y que no sabías expresar. Toda mi vida ha sido así. Me pasa como a Leila. Va todo bien en mi familia, en el colegio y con mis amigos, pero también yo tengo el corazón «como un pedazo de carne atravesado por un anzuelo»”.

Alfonso Calavia | Profesor de Lengua y Literatura del Colegio San Ignacio de Loyola

By | 2018-10-03T09:03:43+00:00 octubre 3rd, 2018|Educación en vivo|0 Comments

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