Política y educación

Como hemos podido ver durante los últimos meses, aún estamos lejos de un pacto educativo, ante todo porque quien opina sobre el mundo de la educación (grupos de presión, editoriales, intelectuales de todo tipo…) no es capaz de ofrecer algo que responda realmente a la necesidad de los padres, al deseo de nuestros alumnos de ser educados. ¿Para qué es necesario educar? Pocos -es extraño- se hacen esta pregunta.

• Hoy la educación solo es posible allí donde haya pasión por la realidad, pasión por los estudiantes, pasión y preocupación por sacar lo más humano que hay en ellos. Podemos apoyar económicamente a los profesores mejor formados, con más habilidades y capacidades, pero no podemos dejar de sostener a aquellos que a través de su materia despiertan el interés y el deseo de aprender de sus alumnos.

• Sólo habrá educación allí donde haya maestros que introducen a sus alumnos de manera razonable, inteligente y persuasiva en el mundo que tienen ante sí, maestros que viven lo mejor de su tradición (cultural, social, religiosa) y saben comunicarla para que otros puedan verificar su importancia y valor.

Ahora bien, esta dinámica educativa no puede reducirse a una técnica. Se puede estimular, pero no se puede encajonar; se puede favorecer pero no se puede encapsular. Cuando un padre ve a su hijo volver a casa entusiasmado por lo que le ha sucedido en el colegio, y no un día ni dos, sino todos los días, entonces al padre le entran ganas de ser padre: es decir, vuelve a nacer en él el deseo de volver a ser educado. Sólo podremos generar si somos generados. Sólo podremos educar, si nosotros, a su vez, somos educados. No educan los hombres perfectos. Estos no existen. Educan los hombres imperfectos, de carne y hueso, que siguen un gran ideal, que no han dejado que se apague en ellos la llama del ideal, el ímpetu de encontrar algo fascinante en la vida, algo por lo que merezca realmente la pena vivir. Es esto lo único que educa a los hijos. Y sólo así cobra sentido el resto de factores en la escuela, el conjunto de aspectos didácticos y académicos: una nueva cultura de la evaluación, la innovación educativa en la escuela digital, el trabajo por proyectos, el trabajo cooperativo, etc.                                                                                                                      

Es fácil caer en la dialéctica de los viejos y los nuevos métodos, en la contraposición entre lo antiguo y lo que está por venir. Pero los buenos profesores no se olvidan, ya sean de la vieja escuela o de la “innovadora” escuela actual. No son los viejos tiempos a los que hay que volver pues cada época tiene que construir los suyos, sabiendo, como decía Ratzinger, que los factores fundamentales de cada cultura no se conservan por sí solos; hay que recuperarlos y verificarlos en cada momento con la modalidad propia de la libertad y del protagonismo de los hombres en cada momento histórico. No es la política la que nos devolverá la posibilidad de recuperar una educación a la altura de lo que el hombre necesita, pero sí le pedimos que favorezca el diálogo, la creatividad y la libertad de aquellos que arriesgan tiempo y energía para proponer algo interesante en el contexto social.

Francisco Romo (Director académico del colegio San Ignacio de Loyola)

By | 2017-11-01T20:42:49+00:00 junio 15th, 2016|Grandes Temas|0 Comments

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